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EXPERTOS CONTAMINADORES DE LA ESCENA DEL CRIMEN


Se escuchan unas detonaciones producidas por arma de fuego e inmediatamente el ruido de una motocicleta que se aleja a toda velocidad. Una persona queda tendida sobre el pavimento. En segundos la calle se llena de curiosos que se acercan corriendo, en bicicletas, en motos y, casi encima del cadáver, se aglomeran para ver quién es la víctima. O simplemente para alimentar su morbo. Quince minutos después llega una patrulla de la policía compuesta por dos uniformados que no querían estar allí pero no tienen más remedio que atender el “casito”. A empellones van alejando a ese montón de curiosos que de repente se ha convertido en una multitud. Luego de intercambiar insultos y miradas agresivas con los curiosos, los policías logran extender una cinta amarilla con la cual pretenden acordonar la escena del crimen. A continuación hace aparición un grupo de policías en traje de civil que sin ningún problema y sin ningún miramiento ingresan inapropiadamente a la ecena, se acercan al cadáver, toman unas fotografías, mueven el cuerpo hacia un lado y otro para localizar y contar las heridas, tratan de voltearle los bolsillos y con cierta dificultad logran sacarle la billetera de la que extraen documentos de identificación. Una vez logrado lo que se proponían, los policías de civil se retiran con la misma suficiencia con que entraron. De repente se escucha un grito de dolor y una mujer traspasa velozmente el área acordonada, abalanzándose sobre el cuerpo inerte que yace sobre el pavimento. Los policías no pueden (ni quieren) hacer nada, pero al cabo de un buen rato deciden que es mejor retirar a la mujer y esperar a que llegue el equipo técnico que procesará la escena del crimen. Si el homicidio tuvo ocurrencia en una ciudad capital, el equipo técnico estará integrado por cinco o seis investigadores de criminalística. Si ocurrió en una pequeña ciudad, el equipo se reduce a dos personas que se deben multiplicar para medianamente cumplir con las tareas propias de la inspección a cadáver y al lugar de los hechos.




La anterior escena, con algún ingrediente de más o de menos, se repite todos los días en cualquier lugar de Colombia. Y a pesar de habernos acostumbrado a ella, no deja de decirnos que los miembros de la Policía Nacional que llegan al lugar de los hechos se han convertido, junto con los curiosos, en los principales contaminadores de la escena del crimen. Lo más grave de todo es que ellos son conscientes de ese rol pero nada hacen para las cosas cambien positivamente y en beneficio de la ciencia forense, tan incipiente en nuestro medio no obstante los incontables años de violencia y delito que hacen parte de la historia local. Ello obedece a múltiples factores, pero principalmente a la mentalidad cuadriculada por un esquema de disciplina que sólo atiende rangos. El agente de policía, sin importar el escalón donde se encuentre dentro de institución, sólo sigue, con fidelidad canina, las órdenes de sus superiores. En este país de supuestos, se supone que los agentes de la policía nacional están para acatar las leyes y hacer que todos los colombianos no las desborden, pero en realidad la única ley que ellos reconocen es la que le impone su institución. A esto hay que agregar el hecho de haber sido creada la Policía Nacional como un ente estatal esencialmente represor del delito -entre otras muchas funciones que tiene- quedando la actividad investigativa en un segundo plano. De ahí que las depedencias de la Policía Nacional encargadas de apoyar a la Fiscalía en la investigación de los delitos contemplados en el Código Penal (DIJIN ySIJIN, principalmente) pese a contar con todos los recursos técnicos y científicos, no se desgastan en investigar aquellos casos que no muestran un futuro promisorio y sólo vuelcan todo su esfuerzo en las flagrancias. Es que esto es lo que los hace quedar bien ante sus superiores y crea una imagen de héroes frente a la opinión pública. ¿Alguna vez se ha visto que "mi capitan" o "mi coronel" divulguen por por los medios de comunicaciónsus más sonados fracasos?

Lo cierto es que bajo esa miope perspectiva, para los agentes de la policía que actúan como Primer Respondiente, denominación que la Ley 906 del 2004 le da a la autoridad que en primer lugar hace presencia en el lugar de los hechos luego de la comisión de un delito, la escena del crimen parece no tener ninguna importancia. Es así como en los casos de homicidio, por ejemplo, todo el esfuerzo se centra en identificar a la víctima para informarle al comandante de turno (antes que a la Fiscalía, que es la entidad que dirige la investigación) sin importar que para ello se deba alterar la escena del crimen, manipular indebidamente el cadáver y contaminar los Elementos Materiales Probatorios y Evidencia Física, sobre todo la evidencia traza, que pudiera servir a los peritos del laboratorio forense para un análisis científico inequívoco. Cuando los uniformados de la Policía Nacional -desde el policía raso hasta el de más alto rango- sean conscientes que procesar una escena del crimen intacta puede también conducir a esclarecer un hecho criminal de igual manera que cuando se captura en flagrancia a sus autores, todos los estamentos que están involucrados en en los procesos y procedimientos investigativos hablarán, por fin, el mismo idioma. Y de paso la impunidad dejará de tener un patrocinador oficial.